¿“Método conocido”? … ¿una didáctica dinámica para enseñar a leer y escribir a los niños de Hoy?

¿Cuál es el mejor método para enseñar a leer y a escribir a los niños? es la pregunta más habitual que nos hacemos los maestros de primer grado cuando enfrentamos esta responsabilidad.  El método por definición cotidiana se entiende como el proceso que tiene un inicio y un final, lo cual da garantía al seguir con puntualidad y pertinencia cada uno de sus pasos.

Son muchas las situaciones que nos llevan a esta toma de decisión, por un lado, la responsabilidad de que los niños “tienen que leer y escribir pronto y bien”; por otro, tenemos el tiempo tan limitado fundamentado en esa vieja idea de que para diciembre a enero ya deben hacerlo; además tenemos la presión cultural que nos impone la sociedad proveniente de estas formas de aprendizaje, -devenidas de otros contextos que no son los actuales, por tanto, imposibles-,  además, cuenta mucho nuestra experiencia, ya que si hemos permanecido algunos años trabajando con primeros grados se construye un “cómo didáctico” casi inamovible pues sabemos que sí sirve, lo conocemos, le tenemos confianza.

¿Y los niños? ellos aprenden, sí, de eso no hay duda.  La cuestión es: si en la didáctica sugerida por el método –o libros comerciales-, se va considerando lo que ellos saben de la lengua escrita; si reconocemos la experiencia en su leer, su pensar, su escribir, en sus modos de hablar, de comunicarse, o, simplemente llegamos con nuestro “cómo habituado” y los adentramos por él sin mucha claridad en esta situación.

Ellos son maravillosos, responden a nuestras peticiones, creen en nosotros, son inteligentes y salen adelante; pero en medio de su inteligencia sana y potencial, algunos se nos quedan en el proceso, y otros –muchos diría yo-,  aprenden arrastrando algunas situaciones complejas por resolver más adelante, y que al no hacerlo, se agravan más y más.  Estos pendientes formativos van desde la incapacidad de producir ideas y de acceder a ellas, realiza actos de lectura y escritura mínimos que solo le ayudan a sobrevivir la escuela, siempre con insuficiencias, dadas las nuevas necesidades históricas.

Ante esta evidencia, diseñamos propuestas remediales como programas de lectura, de escritura, en las que algunos más se salvan, pero muchos otros se vuelven cada vez más ajenos, dando lugar a un tipo de analfabetismo cultural que no hemos terminado de analizar en sus consecuencias sociales.

Pienso que estamos frente a un fuerte dilema: ¿Qué método elegir?, o ¿Partir del saber de los niños? El método se impone al niño dejando a sus pasos diversas situaciones conflictivas, y si decidimos partir del niño nos enfrentamos a una vastedad de complejidades nada fáciles de resolver con prontitud y eficacia en un tiempo tan instrumental, como el nuestro.

Dar la espalda al método conocido y adentrarse por sentidos infantiles nos exige ciertos conocimientos que  den soporte teórico al nuevo edificio didáctico que les acoja para ayudarles a producir lenguaje escrito objetivo formal y realizar una “lectura por necesidad”, una lectura que atienda sus preguntas donde se supere esa idea tan trillada de que se “lee por placer”, que parece más un “slogan publicitario” en un tiempo tan hedonista como el que se vive hoy, donde buscamos placer, y éste lo proporcionan muchas cosas, entre ellas los libros claro está, pero… ¿qué lugar tienen los libros en nuestra escala de valores para que atiendan un placer nuestro? ¿Cuántas personas seleccionan una parte de sus ingresos para adquirir libros y van construyendo una biblioteca en casa?  A veces solo tenemos los libros que nos han dejado nuestro paso por la escuela, signo de que se ha realizado una lectura por obligación, no por deseo. Dejo esto pendiente para otra reflexión.

Ahora bien, colocarse en la procesualidad del aprendizaje de los niños, no puede ser un slogan, y para evitarlo necesitamos saber muchas cosas al respecto de él.  Por un lado, asumir que es un “sujeto inteligente”, por tanto, piensa, construye relaciones si lo ponemos en situación; que tiene una capacidad de “aprendizaje real”, no la que suponemos, y esto hace que el grupo se conforme de sujetos diferentes a los cuales no podemos homogeneizarlos; necesitamos saber que son sensibles y producto de sus circunstancias sociales, lo que les hace muy complejos, pueden saber cosas que ni sospechamos, pero igual desconocer muchísimas de las que  suponemos, dada nuestra propia historia. Ellos han nacido en otro tiempo, por tanto, son muy distintos a nosotros, lo que nos coloca en una gran brecha generacional, son otros con nosotros, ya situados y ellos se van constituyendo y situando de otras maneras en un nuevo ethos social, que les hace ser, pensar, sentir y hacer de formas que no comprendemos, pero que día a día, nos asaltan en el aula.

En este breve perfil apenas bosquejado, subyacen posturas teóricas que pasan por Piaget, Vygotsky, Freud, Zemelman, Maffesoli, Victoria Camps, algunos teóricos que trabajan sobre el aprendizaje en redes, y por supuesto, Emilia Ferreiro y Jorge Vaca, autores entre otros muchos que no menciono, y nos ayudan a sostener una didáctica acorde a las nuevas subjetividades infantiles, que se convierte en el nuevo andamiaje por construir como educadores.

En fin, cierro este comentario diciendo que construir una didáctica que vaya marchando al ritmo de los niños es una tarea muy compleja, y primeramente nos exige movernos de la pregunta habitual por el mejor método, hacia una actitud pedagógica que solo será resultado de una profunda reflexión teórica y existencial de la vida educativa, misma que se irá constituyendo en espacios formativos que sí movilicen nuestra cultura didáctica cimentada en lo seguro, en lo eficiente, que contradice los tiempos que vivimos, que son todo menos eso, ya que en este “cambio cambiante” de la realidad que habitamos todo se transforma, y las subjetividades infantiles ya no responden a eso que “sabemos hacer”, producto de otro tiempo.

Por tanto, estamos en un dilema pedagógico, ¿Método o partir del sujeto en proceso de aprender? El método va quedando obsoleto por sí mismo, y “reconocer la complejidad infantil”, es un mundo de ideas articuladas y complejas que nos llevará tiempo asumir, reoriente nuestra didáctica hasta tornarla una “didáctica-dinámica” o “didáctica potencial” (que poco a poco iré conceptualizando aquí)

¡Estamos como docentes frente a un gran reto pedagógico!, o… ¿cómo lo piensan ustedes? Las ideas ante esto, son diversas, lo asumo, yo camino por éstas… ¿Usted por dónde?

 

 

 

 

 

 

Un comentario en “¿“Método conocido”? … ¿una didáctica dinámica para enseñar a leer y escribir a los niños de Hoy?

  1. Asumir la docencia como una aventura incierta y desafiante, sí que es un gran proyecto de vida, porque leo tu mensaje y sé que ser maestro no es solo enseñar, sino que implica un compromiso formativo de vida en el hoy, no el ayer, ese “cambio cambiante” puede conducirnos a quedarnos en un posicionamiento cómodo que clausura las posibilidades formativas de los niños del siglo XXI.
    Creo que tenemos que aprender cómo responder ante este compromiso con los niños de hoy que son la promesa del mañana…

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