La planeación educativa: punto de partida del “cómo didáctico” que los niños necesitan.

Hoy, ante las exigencias profesionales que vive el docente, necesitará presentar una “Planeación Didáctica Argumentada”, donde explique a detalle, las formas de intervención pedagógica hacia los niños a su cargo.  Me he asomado a varias propuestas y lo que he visto me ha hecho pensar que será difícil abandonar viejas prácticas al respecto.

Para empezar tendríamos que reconocer que esta nueva petición hacia los docentes, definirá una diferencia con aquélla práctica de planificación docente aprendida en los años del viejo normalismo, donde de lo que se trataba, era de llenar un instrumento denominado “avance programático”, mediante el cual, semana a semana se indicaba el cumplimiento de los contenidos correspondientes al grado escolar, donde había que especificar tiempos, cómos, los recursos básicos como los libros, etc.

Esta práctica, realizada año con año frente a programas con poca movilidad, permitió memorizar los aprendizajes de cada grado, tanto fue así, que llegó a ser inoperante una planeación que terminó programada en la cabeza, haciendo que vaciar contenidos se volviera rutina.  En ese tiempo preocupaba la cantidad de contenidos, el poco tiempo, y en la prisa de terminar el programa, muchos niños se quedaban rezagados, quienes no mostraban evidencias de apropiación, lo cual era resaltado por el maestro del siguiente grado.

Por tanto, dosificar y vaciar los contenidos programáticos a un formato único para todos era una de las primeras tareas a realizar al comienzo del ciclo escolar.  Esta práctica, fue dejando una seguridad, un saber que en forma aledaña hizo sentir que planear era una actividad sin sentido, vacía, para terminar como un acto de burocracia escolar.

Sin embargo, el tiempo es el tiempo, y ahora, más acelerado que hace algunas décadas, no coloca en una nueva realidad, un aquí y ahora, donde querámoslo o no, estamos inmersos en otros rumbos sociales, y una Reforma Educativa trata de situarnos en las nuevas urgencias formativas de una generación que enfrenta la demandas de un mundo globalizado.

Estamos frente a un nuevo lenguaje pedagógico que nos habla de formar en competencias, para lograr que los contenidos escolares no sean solo un saber erudito que termine en la memoria a corto plazo sin que suceda nada en el alumno; por el contrario, se necesita que ese saber se encarne, se viva y exprese como un dominio personal para ser portador de esos estándares de aprendizaje internacionales, y así, saber-hacer de acuerdo a como se solicita Hoy.  Por supuesto que esto, nos sitúa en nuevas prácticas, en este caso, en otro modo de vivir la planeación de la tarea educativa.

Y planear de manera distinta, necesitará de otras actitudes ante ella, como moverse de ese concepto rutinario y burocrático heredado para adentrarse por otras maneras de hacerlo atentos al futuro próximo, tanto, que pueda ayudarse a los alumnos a vivir mejor el nuevo tiempo que ya respiran.  El reto no es fácil, y la exigencia de esa “planeación didáctica argumentada” ya está aquí, ¿cómo es? ¿Qué se entiende por argumentar? ¿Desde dónde? ¿Cómo la enfrentaremos? ¿Tenemos esta competencia docente? ¿No quedará atrapada en el simplismo de dosificar los contenidos de los nuevos programas escolares? Porque aquella vieja práctica se tornó cultura escolar, por tanto está viva entre nosotros, fueron décadas de experiencia que no se borran con un nuevo mandato institucional.

Y una más, ¿Cómo sentimos la planeación? Si, sentir, porque ahí anida finalmente ese concepto que tenemos de ella y guía nuestro hacer.  Y se trataría de sentirla como una “necesidad” más que un requisito institucional, pues estamos frente al diseño de una tarea pedagógica importante para visualizar el futuro.

Planear conlleva pensar eso que hacemos como cuando organizamos cualquier situación de nuestra vida, miramos hacia adelante queriendo ordenar todo imprevisto para que resulte lo que queremos, y como siempre, algo sucede, pero al estar preparados encontramos opciones para continuar con las metas.  Y así necesita ser nuestra planeación, diseñar una “mirada pedagógica” para sostenerse en lo que se quiere hacer desde un para qué, pensando en sus cuándos y cómos.

Esto conlleva varias exigencias, por un lado, conocer las necesidades formativas de los niños, por otro, la exigencia curricular a la que se enfrentarán, las circunstancias en las que se dará la tarea, las propias capacidades personales para hacerlo, los retos formativos para enfrentarla, las condiciones físicas y materiales de nuestros entornos, que muchas veces no están a nuestro favor.

Planear desde esta perspectiva exige realizar “diseños pedagógicos” que ayudan a vivir la “incierta docencia del día a día”; nos permite colocarnos para vivir cada contingencia áulica, ayuda ante esa zozobra de no saber si lo que estamos haciendo va bien, de no saber cómo terminará en ese vasto horizonte trazado a grandes rasgos ¿cómo hacerlo con fineza si nos enfrentamos al futuro? Definitivamente no es cosa de magia, sino confianza en lo que hacemos, y sentido en la tarea.

Planear entonces no puede quedar acartonada en “formatitos y formatotes”, planear la actividad educativa es vital para orientarse en su complejidad, por tanto tomará la forma que necesite el mismo docente, donde plasmará su mirada única, que siendo personal es profundamente social.  Desde esta consideración, planear entra en un plano subjetivo que se resistirá a ser cosificado, pues nacerá del sentido, de esa capacidad de mirar lejos a donde se quiere llegar y nunca se llega porque entendemos que el sentido es movimiento en el dinamismo mismo de la realidad en la que vivimos e impide extraviarnos.

Como maestra de primer grado, estoy en esa tarea, vivo ahora la exigencia institucional de planear mi docencia –nuestro director nos tiene paciencia, lo cual le agradezco sin olvidar que más que “deber”, necesito planear-.  Y hacer esto, confieso que no me está resultando sencillo.  Los problemas operativos para hacerlo tienen que ver con:

  • conocer los aprendizajes reales de estos niños (ya tengo un acercamiento)
  • conocer los aprendizajes esperados contenidos en el Programa de Estudios, los libros de texto, todo lo referente a la curricula (ya revisé las exigencias curriculares)
  • conocer de didácticas, es decir, cómos que movilicen  esos aprendizajes de los niños hacia lo esperado o más (voy explorando ciertos cómos)
  • y construir una manera de plantear esta planeación, sin que me encierre, sino por el contrario, sea un modo que rescate los procesos vivos de la docencia abierta a su propio despliegue (aquí radica más la incertidumbre ¿cómo meter a un formato el sentido formativo que se va reconociendo y se vive en movimiento?

Es ya innegable que estamos en una Reforma Educativa  iniciada hace años, la cual sigue tomando forma, y eso es natural si reconocemos el aceleramiento del tiempo social, que le impone revisar y cambiar algo año con año. Por ejemplo, esta necesidad de ir adecuándose al cambio la vemos en el desfase entre los libros de textos de los niños y el Programa Escolar que data del 2011, la forma de organizar los contenidos, no es la misma especificada en el documento rector que guía los aprendizajes; para ayudarnos contamos con un libro del maestro. Esta falta de correspondencia nos sitúa en la tarea de atender ese desfase, pues la educación no espera, solo nos sucede en medio de circunstancias discontinuas, por ello, más que nunca urge planear.

Para ayudarnos en esta tensión de desfase curricular, algunas editoriales nos ofertan planeaciones elaboradas por ellos (confieso que el ciclo escolar pasado me hice de una, pensando que me evitaría navegar por entre los libros y así planear más rápido sin revisar tantas cosas; lo hice para enfrentar el bloque IV, pero no me sirvió). ¿Qué encontré en esas planeaciones hechos por otros?

Me situaron frente a una propuesta didáctica detallada a todo lujo, ahí se me indicaba qué hacer, dónde estaba el recurso, los tiempos, todo lo que facilitara mi tarea, pero eso no era mi prioridad, pues mis alumnos necesitaban otras cosas.  Lo que buscaba en esos documentos era la carga curricular del bloque, pero se extraviada al enfatizar más esos cómos que no eran mi necesidad.  Y vi ahí ese fantasma de la planeación que arriba comenté, pues me pareció más una dosificación de actividades.  Esta forma de planear persistirá, y lo importante es estar atentos para sacudirnos esa práctica poco a poco.

Este ciclo escolar no acudiré a esos recursos, por el momento ya cuento con el reconocimiento de los niveles de aprendizajes reales de mis alumnos, las carpetas de cada uno ya expresa sus capacidades, sus conocimientos con relación a lo que necesitan saber. Para esto, no hice un examen diagnóstico, no, preferí hacer ejercicios que me arrojarán sus nociones sobre la lengua escrita, su capacidad de armar relatos, de apropiarse y representar una idea, sus habilidades motoras finas y gruesas, su noción de número, el conteo, etc. (Más adelante haré un escrito que rescate esta experiencia). Por tanto, urge planear.

Me he detenido buscando la mejor forma de hacerlo, y terminé modificando el formato del año pasado, donde he concentrado las exigencias formativas del Primer Bloque, que funge como una guía que ayuda a definir ese futuro, misma que ahora me demanda estar atenta al hacer cotidiano que inspira, y que se concreta con los niños, pues al ponerse en contacto con ellos, los resultados van también indicando que sigue por hacer en ese contexto de aprendizajes exigidos.

Porque una cosa es planear el sentido formativo y otro plano tiene que ver con lo didáctico, que tiene que se vincula más con los procesos vivos del aula, ahí, están los niños colocándose en los contenidos, y definitivamente, son ellos los que van a demarcar la cantidad de ejercicios, la calidad de ellos ¿cómo atrapar esto en un papel?

Es entonces donde entra en juego este blog, que se torna una bitácora, donde es posible ir recuperando la vivencia, por ejemplo, tengo en puerta reflexionar cómo se fue presentando el trabajo con las vocales, cómo nos acercamos a estos sonidos y como surgieron necesidades didácticas que activaron la imaginación para hacer algunos ejercicios nuevos que ayudaron a que de 10 niños a quienes se les dificultaba este reconocimiento, ya solo sean tres los que necesitan tiempo para apropiarse de este saber.  Es sin duda una experiencia didáctica construida en el día a día, pero que nació de la planeación, esta planeación que vengo viviendo, lo didáctico está ahí, lista para nacer, para ser definida a partir del detonante que el niño aporta.

Ahora toca narrarla, argumentarla y este blog, será el espacio para intentarlo evitando que se pierda.  La didáctica emerge de la planeación, surge de la interacción entre el niño y los contenidos, ellos, dadas sus capacidades, van indicando su necesidad, y esto da pie al diseño de lo que siga por hacer que mejore la apropiación del contenido desde sus propios recursos.

Finalizo. La planeación entonces para mí, consiste en bosquejar ese futuro didáctico próximo, es decir, coloca en esa zona de desarrollo próximo a la manera de Vygotsky, y ésta, se torna un puente para los niños, es un andamiaje para que ellos viajen hacia esas zonas potenciales de su propio desarrollo. Y ahora, tengo claro que este andamiaje necesita construirse pedazo a pedazo, que cada vivencia define lo que sigue y lo que sigue en un contexto de planeación que impide extraviarse.

Por tanto, si no planeamos, no habría ese puente al cual subirse, quedaríamos un borde, construyendo pedazos donde pisar pero sin orden, yendo para cualquier lado de manera azarosa, pues como dicen Zemelman, querámoslo o no, construimos historia en la cotidianidad de la vida solo por existirla.

Y en este contexto de ideas me quedo con la pregunta ¿La planeación didáctica argumentada podría ser así? Argumentar qué se quiere formar, para qué, saber qué aspectos se pulsan para lograrlo, estar atentos a lo que se necesita e irlo diseñando mediante actos didácticos para lograr algo… ¿Será esto lo que nos pide la Reforma Educativa?

O planear ¿Solo tendrá otro nombre y seguirá siendo una actividad instrumental? Tengo esperanza, confianza de podamos superar esta vieja práctica, al reconocer que es obsoleta para inspirar una didáctica que se construya con los niños, pues siendo para ellos, les ayudaremos a nacer como los adultos potencialmente excelsos que tienen derecho a ser.

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